Tengo tanto miedo a abandonarte como a seguirte, a perderte en el
instante de tiempo en que el minutero pasa de ayer a mañana, ese segundo
en el que suena la última campanada y tragas la duodécima uva,
sonriendo como antes de la primera. Ese segundo en que me obligas a
reír a carcajadas, como el primer día. Desde la primera frase que
pronunciaste, siempre haciendome reír.
Tengo tanto miedo a no necesitarte para ser feliz como a no dejar de llorar tu ausencia.
Puede que no vuelva para quedarme, aunque vuelva para visitarte, sin ser
nunca tuya, pero piensa, siempre,
que igual que tú te llevas una parte de mí, yo te llevo conmigo, sin que
seas mio
Tengo tanto miedo a perderme como a encontrarme, porque siempre que me
he marchado he prometido no cambiar y he vuelto siendo otra. Aunque
nunca me arrepentí de cambiar cuando lo hice, tampoco quise hacerlo
cuando lo vi venir.
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